viernes, 15 de mayo de 2009

● Dios ama a los niños de San Francisco.

Eran casi mediados de Febrero del 2009. Mi madre y mi hermana habían llegado de visita a Perú desde Holanda. Fue una lástima no haber podido ver a mi madre con la misma frecuencia que a mi hermana. Cancelaba y postergaba otras cosas por verla.

El primer viernes de su llegada, fuimos al Centro de Lima, y entre tantos lados ahí, a la Iglesia de San Francisco. Como yo ya lo había visitado un tiempito antes, decidí esperarlos afuera, sentado en una banca de piedra. Qué mejor cosa para hacer mientras uno espera que leer o dibujar.

Comencé a dibujar la fachada de la iglesia, en un estilo propio. Como se puede apreciar, no lo terminé. Veo un grupo inmenso de niños de sector humilde, todos alegres por estar paseándose ahí, con sus banderitas peruanas. Luego de un ratito salieron de la iglesia, al parecer eran varios grupos. Era cuestión de tiempo, para que uno de ellos se asome a mí de curiosidad. Era cuestión de tiempo, para que le siga el resto.

De vergüenza no pude ver los rostros que hacían, pero sí escuchaba sus murmullos de admiración. De repente, cuando acabé de dibujar la última paloma, llegó uno de esos momentos en los que el cerebro demora en tomar conciencia para creer lo que está sucediendo. ¡¡Me estaban aplaudiendo!! Alcé la vista y los vi a todos mirándome con una sonrisa y un brillo en sus ojos mientras lo hacían, hasta comenzaron a pedir ¡¡otra, otra!! como si fuera una canción.
Fue como un mensaje de Dios, porque en esos momentos, me estaba lamentando de mi vida, y también de sentirme un dibujante ordinario, al ver mis demás trabajos.

En verdad, un momento especial, que intenté compartirlo, pero hacer sentir la emoción que yo tuve en ese momento, pues creo que no conseguí hacerlo, o a algunos no les importó.

Finalizando, fue gracioso ver como sus profesores los llamaban y los perseguían para que se unan al grupo, pues lo niños eran sacados a banderazos y cuando veían la oportunidad de volver donde mí, lo hacían. Mi hermana estaba afuera buscándome porque teníamos que ir a otro lado, y pues no me vio entre tantos niños. Luego la vieron conmigo con gesto de "esos locos vestidos de colores". Me paré en la puerta ya para salir, mientras ellos salían en fila india. Cuando pasaban cerca mío, se despedían. Fue algo realmente especial.


No hay comentarios:

Publicar un comentario